Cryptospain: la estafa de Álvaro Romillo explicada

Author:

Zivo

Category:

Crypto

Date:

14 may 2026

La noche en que se acabó la película

Eran las 3 de la madrugada del 12 de agosto de 2025. En una de las urbanizaciones más exclusivas de Madrid, cinco hombres encapuchados entraban en el dormitorio de Álvaro Romillo, el hombre que durante años había convencido a media España de que con las criptomonedas se podía vivir por encima de la ley.

Le ataron con bridas. Le pusieron cinta aislante roja en la boca. Y uno de ellos, el que daba las órdenes, se agachó hasta su cara para decirle una frase que ya nunca olvidaría: "Has robado mucho dinero. Nos han contratado para recuperarlo."

Esto no es el guion de una serie. Es lo que le pasó al creador de Cryptospain, la figura más mediática del mundo cripto en España. Y para entender cómo se llegó hasta ahí, hay que volver al principio.

De vender plumas estilográficas a vender humo

Álvaro Romillo nació en 1985 en una familia que se dedicaba a fabricar plumas de lujo. Su padre, Domingo, era artesano. Hacía piezas de entre 700 y 1.500 euros bajo la marca Romillo Pens. Era un negocio tranquilo, de catálogo pequeño y cliente selecto. Nada que hiciera pensar lo que vendría después.

A los 18 años, Álvaro montó su primera empresa. Una agencia de diseño y comunicación sin demasiada historia. Pero entonces llegó la pandemia y con ella el escenario perfecto: España encerrada en casa, las pantallas como única ventana al mundo y una generación entera precarizada, agotada y harta del sistema.

En TikTok e Instagram empieza a aparecer un personaje nuevo. Habla con calma, siempre con mascarilla cubriéndole media cara. Se hace llamar Luis. Su canal se llama Cryptospain. Y dice exactamente lo que mucha gente lleva años queriendo escuchar:

"El Estado te está robando todos los días. Los ricos no pagan, nunca han pagado. Y con las criptomonedas tú tampoco tienes por qué hacerlo."

El discurso era poderoso porque apuntaba a una rabia real. La evasión fiscal de los grandes patrimonios en España era un secreto a voces. La gente veía cómo los grandes patrimonios usaban ingeniería fiscal sofisticada mientras a ellos les retenían el IRPF en nómina sin opción a negociar. Cryptospain les decía: "eso tiene solución y yo te la voy a enseñar".

El primer producto: cursos a 100 euros

Lo primero que vendió Romillo fueron cursos de criptomonedas y fiscalidad a 100 euros. Vendió más de 5.000. Eso son medio millón de euros solo de cursos.

Pero los cursos eran la puerta de entrada a algo mucho más grande. Detrás había una empresa llamada Elusión Legal, registrada en Estonia. La elección del país no era casual. Estonia tiene uno de los sistemas de registro empresarial más laxos de Europa.

Y aquí está la primera trampa, la más importante de toda esta historia. Hay dos conceptos que parecen iguales pero son radicalmente distintos:

Elusión fiscal: aprovechar los resquicios legales de la ley para pagar menos impuestos. Es completamente legal.

Evasión fiscal: esconder ingresos o falsear datos para no declarar lo que toca. Es un delito.

Romillo mezclaba los dos términos deliberadamente. Hablaba de elusión pero practicaba evasión. Y sus clientes, que no siempre tenían formación suficiente para distinguir uno del otro, le pagaban por creer que estaban haciendo algo perfectamente legal.

El mecanismo era sofisticado en apariencia, burdo en la práctica. Consistía en usar NFTs autocomprados a través de sociedades pantalla a precios inflados, generando pérdidas ficticias que reducían la carga impositiva en Hacienda. Era hacerse daño en el papel para cobrar el seguro. Lo que ninguno de sus clientes sabía es que esas operaciones los convertían también en partícipes de un potencial delito fiscal. Cuando todo se derrumbara, Hacienda iría también por ellos.

Madeira Invest Club: el siguiente piso del castillo

En enero de 2023, cuando Elusión Legal empezó a tambalearse, Romillo hizo lo que hacen todos los constructores de castillos en el aire. En lugar de parar, construyó otro piso encima.

Nació el Madeira Invest Club. El nombre estaba diseñado al milímetro. Madeira sugería sofisticación fiscal europea. Invest Club sonaba a élite cerrada donde se mueve el dinero serio.

El producto era este:

  • Cuota de membresía: 2.000 euros al año

  • Acceso a inversiones "exclusivas": inmuebles exóticos, coches vintage, whisky de colección, relojes de alta gama, NFTs de arte

  • Rentabilidad prometida: 20% anual garantizado como mínimo

  • En algunos materiales hablaron del 53% sin pagar un euro a Hacienda

En el mundo de la inversión hay una regla que conviene memorizar: si alguien te promete una rentabilidad que supera a los mejores fondos del planeta gestionados por los mejores analistas con acceso a información privilegiada, hay exactamente dos posibilidades. O es mentira o es una estafa. No hay tercera opción.

Los primeros inversores recibían sus retornos puntualmente. Pequeñas cantidades que llegaban a la cuenta y decían "esto funciona". Es exactamente lo que pasa con todos los esquemas Ponzi de la historia antes de derrumbarse. Porque esto era un esquema Ponzi. El dinero de los nuevos pagaba los dividendos de los antiguos. No había inversión real.

Llegaron a tener 2.800 personas pagando los 2.000 euros anuales. Solo en cuotas, 5,6 millones de euros al año limpios.

Sentinel BQ: la caja fuerte de Hacienda

Pero la parte más perturbadora de toda la historia no era el Madeira Invest Club. Era Sentinel BQ, un local en la calle Maldonado de Madrid que ofrecía:

  • 5.000 cajas de seguridad físicas

  • "Protección grado militar 24 horas"

  • "Consignas no embargables y heredables"

  • 100% de confidencialidad

Y lo más importante: sin KYC. Esas tres letras significan know your customer y son el requisito legal por el que los bancos están obligados a saber quién eres y de dónde viene tu dinero. Sin KYC no hay trazabilidad. Sin trazabilidad no hay Hacienda.

Si tenías una empresa en Estonia de las que Romillo te había ayudado a montar, podías vincularla a una caja en Sentinel BQ. Dinero completamente fuera del sistema. Y como guinda, ofrecían conversión de criptomonedas a efectivo y viceversa sin preguntas y sin registro.

Romillo llegó a insinuar que Sentinel BQ gestionaba 600 millones de euros en activos. Los investigadores creen que la cifra estaba inflada, pero incluso si era un tercio, era suficiente para que la Guardia Civil lo tuviera en su radar.

El político, el sobre y los 100.000 euros en efectivo

En primavera de 2024, a pocas semanas de las elecciones europeas, Luis Alvise Pérez (agitador político con casi medio millón de seguidores en Telegram) anuncia que se presenta como candidato. Su agrupación se llama "Se acabó la fiesta". Su discurso: el sistema está podrido y él viene a limpiarlo.

Alvise necesita financiación. Y según mensajes que Romillo guardaría cuidadosamente, necesita "fondos que no requieran ser controlados por el Tribunal de Cuentas". Entre 300.000 y 360.000 euros para mítines, logística y propaganda. Dinero opaco.

El 25 de mayo de 2024, Romillo crea cuatro monederos digitales para recaudar fondos. Alvise difunde las direcciones en su Telegram sin explicar de quién son. Sus seguidores donan creyendo que es para su campaña.

Dos días después, el 27 de mayo, Alvise entra en persona en Sentinel BQ. Allí, en el local que prometía confidencialidad total, un eurodiputado en ciernes recibe en mano 100.000 euros en efectivo.

Pocas semanas después, "Se acabó la fiesta" obtiene más de 800.000 votos y tres escaños en el Parlamento Europeo. El hombre que predicaba limpiar el sistema había llegado al sistema con dinero en B de un empresario investigado por estafa piramidal, a través de una caja anónima en el centro de Madrid.

Lo que descubrió la Guardia Civil

Mientras todo esto pasaba en la superficie, la UCO de la Guardia Civil trabajaba en silencio. Durante meses, con apoyo de Europol y de las policías de Estados Unidos, Singapur, Malasia y Tailandia, fueron documentando la estructura real del entramado:

  • 52 sociedades pantalla repartidas en al menos 15 países

  • 106 cuentas bancarias en distintas jurisdicciones

  • 29 millones de euros en una cuenta de Singapur a nombre de personas relacionadas con Romillo

  • Familia entera implicada: su padre Domingo al frente de las webs, su tío Juan Carlos controlando empresas vinculadas

La operación se llamó Poney. Y el auto judicial fue demoledor. El juez José Luis Calama de la Audiencia Nacional escribió que el modelo de negocio era "desde el primer día un fraude" y que "no hubo ningún momento de buena fe que se torciera".

La huida y el arresto

En algún momento de 2024, Romillo supo que la investigación existía. Unos periodistas lo contactaron para darle la oportunidad de responder antes de publicar. Lo que pasó después fue digno de película:

  • Su yate de 20 millones salió de madrugada del puerto de Málaga y desapareció

  • Sentinel BQ anunció "reformas urgentes" y cerró las 5.000 cajas

  • Los Lamborghinis, Ferraris y Porsches de los concesionarios vinculados desaparecieron en un fin de semana

  • El canal de Telegram se desactivó

La trampa más cruel para sus clientes: para recuperar el dinero invertido en un esquema diseñado para evadir impuestos, tenían que identificarse ante las autoridades. Habían prometido anonimato total. Ahora cualquier reclamación llegaba directamente a Hacienda.

El 6 de noviembre de 2025, agentes de la UCO detuvieron a Álvaro Romillo. Al día siguiente, el juez Calama decretó prisión provisional sin fianza.

Los números finales

En diciembre de 2025, el juez firmó el auto de procesamiento con cifras verificadas:

  • 30.062 inversores estafados

  • 185.511.947 euros de perjuicio económico

  • 10 personas procesadas (Romillo, su padre, su tío y siete colaboradores)

  • 247 millones de euros de fianza solidaria

Y un detalle que pocos medios remarcaron lo suficiente: muchos de los inversores estafados, al intentar recuperar su dinero o al declarar su situación, recibieron requerimientos de Hacienda. Habían participado, aunque fuera como víctimas, en un esquema diseñado para evadir impuestos. Habían perdido los ahorros y encima les llegaba carta de Hacienda.

El asalto: cuando la película se vuelve real

Volviendo al inicio de esta historia. Los cinco encapuchados de aquel 12 de agosto buscaban 40 millones de euros en criptomonedas. Cuando Romillo les dijo que no los tenía, uno le puso una pistola con silenciador en la frente y otro le clavó un cuchillo en la pierna.

El asalto duró 4 horas. Al final, Romillo transfirió 1,3 millones de euros en Bitcoin desde sus dos teléfonos. Les entregó también 210.000 euros en efectivo, 34 relojes de lujo, 7 diamantes, 6 pulseras de Cartier y una veintena de monedas de oro.

Los detenidos eran colombianos. El asalto estaba perfectamente coordinado. Sabían dónde vivía, cuándo llegaba de viaje y dónde guardaba el efectivo. Ese nivel de información no se consigue por casualidad.

El hombre que había prometido vivir por encima de las reglas terminó atado con bridas en su propio dormitorio, rodeado de personas que también habían decidido vivir por encima de las reglas.

La lección que casi nadie cuenta

Lo importante de esta historia no es el morbo. Es entender por qué tanta gente cayó.

La gente que invirtió en Madeira Invest Club no era estúpida. Eran personas hartas de un sistema fiscal injusto, hartas de ver cómo los grandes patrimonios pagan proporcionalmente menos que un asalariado, hartas de trabajar para que Hacienda se quedara con un tercio de su esfuerzo.

Ese cabreo es legítimo. Pero la respuesta de Romillo no lo era.

Existen formas perfectamente legales de optimizar tu fiscalidad si eres emprendedor, freelance o tienes ingresos internacionales. Se llaman estructuras de elusión fiscal y son lo que hacen las grandes empresas y los patrimonios serios del mundo. No requieren mascarillas, ni Estonia, ni cajas anónimas, ni promesas del 53% de rentabilidad.

En Zivo ayudamos a emprendedores hispanohablantes a montar estructuras legales y sostenibles. Una LLC americana bien estructurada puede reducir tu carga fiscal de forma completamente legal, declarando todo lo que toca declarar y con respaldo documental para defenderlo ante cualquier auditoría.

La diferencia entre Cryptospain y una asesoría seria es exactamente esa: nosotros no te prometemos que no vas a pagar impuestos. Te ayudamos a pagar lo que legalmente te toca pagar, ni más ni menos. Y a dormir tranquilo.

Si quieres saber cómo se hace una optimización fiscal real, sin atajos, sin Estonia, sin cajas anónimas y sin riesgo de acabar como los 30.062 inversores de Madeira Invest Club, podemos hablar.

Agenda una asesoría gratuita aquí.

La noche en que se acabó la película

Eran las 3 de la madrugada del 12 de agosto de 2025. En una de las urbanizaciones más exclusivas de Madrid, cinco hombres encapuchados entraban en el dormitorio de Álvaro Romillo, el hombre que durante años había convencido a media España de que con las criptomonedas se podía vivir por encima de la ley.

Le ataron con bridas. Le pusieron cinta aislante roja en la boca. Y uno de ellos, el que daba las órdenes, se agachó hasta su cara para decirle una frase que ya nunca olvidaría: "Has robado mucho dinero. Nos han contratado para recuperarlo."

Esto no es el guion de una serie. Es lo que le pasó al creador de Cryptospain, la figura más mediática del mundo cripto en España. Y para entender cómo se llegó hasta ahí, hay que volver al principio.

De vender plumas estilográficas a vender humo

Álvaro Romillo nació en 1985 en una familia que se dedicaba a fabricar plumas de lujo. Su padre, Domingo, era artesano. Hacía piezas de entre 700 y 1.500 euros bajo la marca Romillo Pens. Era un negocio tranquilo, de catálogo pequeño y cliente selecto. Nada que hiciera pensar lo que vendría después.

A los 18 años, Álvaro montó su primera empresa. Una agencia de diseño y comunicación sin demasiada historia. Pero entonces llegó la pandemia y con ella el escenario perfecto: España encerrada en casa, las pantallas como única ventana al mundo y una generación entera precarizada, agotada y harta del sistema.

En TikTok e Instagram empieza a aparecer un personaje nuevo. Habla con calma, siempre con mascarilla cubriéndole media cara. Se hace llamar Luis. Su canal se llama Cryptospain. Y dice exactamente lo que mucha gente lleva años queriendo escuchar:

"El Estado te está robando todos los días. Los ricos no pagan, nunca han pagado. Y con las criptomonedas tú tampoco tienes por qué hacerlo."

El discurso era poderoso porque apuntaba a una rabia real. La evasión fiscal de los grandes patrimonios en España era un secreto a voces. La gente veía cómo los grandes patrimonios usaban ingeniería fiscal sofisticada mientras a ellos les retenían el IRPF en nómina sin opción a negociar. Cryptospain les decía: "eso tiene solución y yo te la voy a enseñar".

El primer producto: cursos a 100 euros

Lo primero que vendió Romillo fueron cursos de criptomonedas y fiscalidad a 100 euros. Vendió más de 5.000. Eso son medio millón de euros solo de cursos.

Pero los cursos eran la puerta de entrada a algo mucho más grande. Detrás había una empresa llamada Elusión Legal, registrada en Estonia. La elección del país no era casual. Estonia tiene uno de los sistemas de registro empresarial más laxos de Europa.

Y aquí está la primera trampa, la más importante de toda esta historia. Hay dos conceptos que parecen iguales pero son radicalmente distintos:

Elusión fiscal: aprovechar los resquicios legales de la ley para pagar menos impuestos. Es completamente legal.

Evasión fiscal: esconder ingresos o falsear datos para no declarar lo que toca. Es un delito.

Romillo mezclaba los dos términos deliberadamente. Hablaba de elusión pero practicaba evasión. Y sus clientes, que no siempre tenían formación suficiente para distinguir uno del otro, le pagaban por creer que estaban haciendo algo perfectamente legal.

El mecanismo era sofisticado en apariencia, burdo en la práctica. Consistía en usar NFTs autocomprados a través de sociedades pantalla a precios inflados, generando pérdidas ficticias que reducían la carga impositiva en Hacienda. Era hacerse daño en el papel para cobrar el seguro. Lo que ninguno de sus clientes sabía es que esas operaciones los convertían también en partícipes de un potencial delito fiscal. Cuando todo se derrumbara, Hacienda iría también por ellos.

Madeira Invest Club: el siguiente piso del castillo

En enero de 2023, cuando Elusión Legal empezó a tambalearse, Romillo hizo lo que hacen todos los constructores de castillos en el aire. En lugar de parar, construyó otro piso encima.

Nació el Madeira Invest Club. El nombre estaba diseñado al milímetro. Madeira sugería sofisticación fiscal europea. Invest Club sonaba a élite cerrada donde se mueve el dinero serio.

El producto era este:

  • Cuota de membresía: 2.000 euros al año

  • Acceso a inversiones "exclusivas": inmuebles exóticos, coches vintage, whisky de colección, relojes de alta gama, NFTs de arte

  • Rentabilidad prometida: 20% anual garantizado como mínimo

  • En algunos materiales hablaron del 53% sin pagar un euro a Hacienda

En el mundo de la inversión hay una regla que conviene memorizar: si alguien te promete una rentabilidad que supera a los mejores fondos del planeta gestionados por los mejores analistas con acceso a información privilegiada, hay exactamente dos posibilidades. O es mentira o es una estafa. No hay tercera opción.

Los primeros inversores recibían sus retornos puntualmente. Pequeñas cantidades que llegaban a la cuenta y decían "esto funciona". Es exactamente lo que pasa con todos los esquemas Ponzi de la historia antes de derrumbarse. Porque esto era un esquema Ponzi. El dinero de los nuevos pagaba los dividendos de los antiguos. No había inversión real.

Llegaron a tener 2.800 personas pagando los 2.000 euros anuales. Solo en cuotas, 5,6 millones de euros al año limpios.

Sentinel BQ: la caja fuerte de Hacienda

Pero la parte más perturbadora de toda la historia no era el Madeira Invest Club. Era Sentinel BQ, un local en la calle Maldonado de Madrid que ofrecía:

  • 5.000 cajas de seguridad físicas

  • "Protección grado militar 24 horas"

  • "Consignas no embargables y heredables"

  • 100% de confidencialidad

Y lo más importante: sin KYC. Esas tres letras significan know your customer y son el requisito legal por el que los bancos están obligados a saber quién eres y de dónde viene tu dinero. Sin KYC no hay trazabilidad. Sin trazabilidad no hay Hacienda.

Si tenías una empresa en Estonia de las que Romillo te había ayudado a montar, podías vincularla a una caja en Sentinel BQ. Dinero completamente fuera del sistema. Y como guinda, ofrecían conversión de criptomonedas a efectivo y viceversa sin preguntas y sin registro.

Romillo llegó a insinuar que Sentinel BQ gestionaba 600 millones de euros en activos. Los investigadores creen que la cifra estaba inflada, pero incluso si era un tercio, era suficiente para que la Guardia Civil lo tuviera en su radar.

El político, el sobre y los 100.000 euros en efectivo

En primavera de 2024, a pocas semanas de las elecciones europeas, Luis Alvise Pérez (agitador político con casi medio millón de seguidores en Telegram) anuncia que se presenta como candidato. Su agrupación se llama "Se acabó la fiesta". Su discurso: el sistema está podrido y él viene a limpiarlo.

Alvise necesita financiación. Y según mensajes que Romillo guardaría cuidadosamente, necesita "fondos que no requieran ser controlados por el Tribunal de Cuentas". Entre 300.000 y 360.000 euros para mítines, logística y propaganda. Dinero opaco.

El 25 de mayo de 2024, Romillo crea cuatro monederos digitales para recaudar fondos. Alvise difunde las direcciones en su Telegram sin explicar de quién son. Sus seguidores donan creyendo que es para su campaña.

Dos días después, el 27 de mayo, Alvise entra en persona en Sentinel BQ. Allí, en el local que prometía confidencialidad total, un eurodiputado en ciernes recibe en mano 100.000 euros en efectivo.

Pocas semanas después, "Se acabó la fiesta" obtiene más de 800.000 votos y tres escaños en el Parlamento Europeo. El hombre que predicaba limpiar el sistema había llegado al sistema con dinero en B de un empresario investigado por estafa piramidal, a través de una caja anónima en el centro de Madrid.

Lo que descubrió la Guardia Civil

Mientras todo esto pasaba en la superficie, la UCO de la Guardia Civil trabajaba en silencio. Durante meses, con apoyo de Europol y de las policías de Estados Unidos, Singapur, Malasia y Tailandia, fueron documentando la estructura real del entramado:

  • 52 sociedades pantalla repartidas en al menos 15 países

  • 106 cuentas bancarias en distintas jurisdicciones

  • 29 millones de euros en una cuenta de Singapur a nombre de personas relacionadas con Romillo

  • Familia entera implicada: su padre Domingo al frente de las webs, su tío Juan Carlos controlando empresas vinculadas

La operación se llamó Poney. Y el auto judicial fue demoledor. El juez José Luis Calama de la Audiencia Nacional escribió que el modelo de negocio era "desde el primer día un fraude" y que "no hubo ningún momento de buena fe que se torciera".

La huida y el arresto

En algún momento de 2024, Romillo supo que la investigación existía. Unos periodistas lo contactaron para darle la oportunidad de responder antes de publicar. Lo que pasó después fue digno de película:

  • Su yate de 20 millones salió de madrugada del puerto de Málaga y desapareció

  • Sentinel BQ anunció "reformas urgentes" y cerró las 5.000 cajas

  • Los Lamborghinis, Ferraris y Porsches de los concesionarios vinculados desaparecieron en un fin de semana

  • El canal de Telegram se desactivó

La trampa más cruel para sus clientes: para recuperar el dinero invertido en un esquema diseñado para evadir impuestos, tenían que identificarse ante las autoridades. Habían prometido anonimato total. Ahora cualquier reclamación llegaba directamente a Hacienda.

El 6 de noviembre de 2025, agentes de la UCO detuvieron a Álvaro Romillo. Al día siguiente, el juez Calama decretó prisión provisional sin fianza.

Los números finales

En diciembre de 2025, el juez firmó el auto de procesamiento con cifras verificadas:

  • 30.062 inversores estafados

  • 185.511.947 euros de perjuicio económico

  • 10 personas procesadas (Romillo, su padre, su tío y siete colaboradores)

  • 247 millones de euros de fianza solidaria

Y un detalle que pocos medios remarcaron lo suficiente: muchos de los inversores estafados, al intentar recuperar su dinero o al declarar su situación, recibieron requerimientos de Hacienda. Habían participado, aunque fuera como víctimas, en un esquema diseñado para evadir impuestos. Habían perdido los ahorros y encima les llegaba carta de Hacienda.

El asalto: cuando la película se vuelve real

Volviendo al inicio de esta historia. Los cinco encapuchados de aquel 12 de agosto buscaban 40 millones de euros en criptomonedas. Cuando Romillo les dijo que no los tenía, uno le puso una pistola con silenciador en la frente y otro le clavó un cuchillo en la pierna.

El asalto duró 4 horas. Al final, Romillo transfirió 1,3 millones de euros en Bitcoin desde sus dos teléfonos. Les entregó también 210.000 euros en efectivo, 34 relojes de lujo, 7 diamantes, 6 pulseras de Cartier y una veintena de monedas de oro.

Los detenidos eran colombianos. El asalto estaba perfectamente coordinado. Sabían dónde vivía, cuándo llegaba de viaje y dónde guardaba el efectivo. Ese nivel de información no se consigue por casualidad.

El hombre que había prometido vivir por encima de las reglas terminó atado con bridas en su propio dormitorio, rodeado de personas que también habían decidido vivir por encima de las reglas.

La lección que casi nadie cuenta

Lo importante de esta historia no es el morbo. Es entender por qué tanta gente cayó.

La gente que invirtió en Madeira Invest Club no era estúpida. Eran personas hartas de un sistema fiscal injusto, hartas de ver cómo los grandes patrimonios pagan proporcionalmente menos que un asalariado, hartas de trabajar para que Hacienda se quedara con un tercio de su esfuerzo.

Ese cabreo es legítimo. Pero la respuesta de Romillo no lo era.

Existen formas perfectamente legales de optimizar tu fiscalidad si eres emprendedor, freelance o tienes ingresos internacionales. Se llaman estructuras de elusión fiscal y son lo que hacen las grandes empresas y los patrimonios serios del mundo. No requieren mascarillas, ni Estonia, ni cajas anónimas, ni promesas del 53% de rentabilidad.

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